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Relatos

DE BELLEZA Y PERFECCIÓN

By 10 febrero, 2026One Comment

Cuentan, que las mujeres rusas, heroicas participantes en la Gran Guerra, se embellecían antes de los combates, pensando que en caso de morir las encontrarían hermosas. Me pareció fantástico, en esos momentos tan tremendos, pensar precisamente en su aspecto, en la imagen que los otros verían cuando ellas ya habían dejado de existir, me impresionó, me pareció además esencialmente femenino, de buen gusto, hasta caritativo para quien le tocara encontrarla.

Supe de una dama, que preparó esmeradamente su suicidio, aunque me parece muy contradictoria la actitud. Dicen, que ideó una maravillosa escenografía en su lujosa alcoba. Colocó cuanto detalle se le ocurrió pertinente, para que su espléndida belleza se realzara en ese entorno. Calculó la luz que la iluminaría de la manera más favorable, distribuyó el mobiliario, tenues cortinas, finísimas sábanas en tonos de nácar, mullidas almohadas y cojines, donde su cuerpo laxo impresionara aún más que en vida.

Entre muchas y sesudas pesquisas, averiguó exactamente el veneno a elegir, no debía ocasionarle dolores, ni molestias, o algún rictus que pudiera desvirtuar la hermosura de su cuerpo inerte. Buscaba la admiración del mundo, más aún, que cuando en vida se movía con una gracia y elegancia sin igual, causando suspiros, elogios, enamoramientos por doquier. Ensayaba frente al espejo la sonrisa exquisita que dibujaría en su cara, una expresión angelical, voluptuosa, inquietante, incitando a un beso. Arquearía sus bien delineadas cejas, dejando caer suavemente los párpados, orlados por largas pestañas, brillantes, sedosas; la perfecta nariz, inmóvil sin el suave aleteo, le aportaría un toque más dramático a la escena. Escuché que su extraordinario esfuerzo resultó completamente inútil, exactamente lo contrario a lo que ella esperaba, el hallazgo de sus restos resultó macabro y espeluznante.

El cuerpo, nuestro compañero, contenedor y transporte cotidiano, ha sufrido muchos embates desde el origen de la Historia, y paralelamente desde su propio origen. La mujer, se supone, recibió el castigo de parir con dolor, cuando ni siquiera había salido del Paraíso.

Total, que el cuerpo material, nuestra parte visible, la figura que nos identifica ante nosotros mismos y ante los demás, la que contiene nuestros órganos vitales, la que pasea nuestro espíritu, pareciera que fue hecha para el sufrimiento, desde el momento de ser. Claro, nació ya con el estigma decidido por su creador.

Ni hablar, no hay vuelta de hoja, pero al tener presencia material, hay veces en que la persona misma al contemplarse, no está contenta con su imagen; si a eso le agregamos cualquier comentario referente a su aspecto, que a otro le parece discordante, de inmediato brinca la inseguridad; ese gusanito de la duda que empieza a mordisquear el ego de la debilidad, puede presentarse en cualquier edad; se tuercen las entendederas, surge el empeño por quitar lo que se ha considerado feo, hacer cambios, mejoras, arreglillos, hoy en día: transformaciones completitas, que prometen la belleza ideal a quien no se acepta tal cual es.

El que quiera azul celeste, que le cueste. Aunque nadie explique ni lo que duele, ni lo que cuesta, ni el peligro que le acecha. Desde que el mundo existe, el ser humano hace cualquier esfuerzo por resaltar, sobresalir, mejorar su aspecto para causar agrado, admiración, escuchar elogios, tener fans aduladores coreando sus hazañas. Quizás, en cualquier tiempo pasado, que quién sabe si fue mejor, era más notable esta tendencia entre el bello sexo, aunque no se podría asegurar, puesto que desde siempre han existido caballeros muy apuestos y emperejilados.

En estos tiempos actuales, ezn los que la tecnología logra mucho más que simples milagritos, cualquiera, a la edad que sea, disgustado, o simplemente incómodo con su hechura, tiene posibilidad de modificar su aspecto, con la certeza de convertirse en otro. Otro diferente, con las características que la moda sugiere, aunque en consecuencia tengan que arreglarle las entendederas, porque en realidad, no es con un cambio de fachada, donde encontrará la respuesta, ni la solución.

Asombra el adelanto alcanzado hoy en día por los maravillosos inventos tecnológicos; reproducen fabulosas imágenes, que se han vuelto el prototipo de la belleza, recrea hombres y mujeres distintos, que cuando son contemplados por los jóvenes, particularmente por quienes no confían en su cuerpo, descontentos con su apariencia, porque sus características no coinciden con el ideal establecido del momento, pierden la brújula, sin darse cuenta que cada ser humano tiene su chiste, su razón de ser, modelo único e irrepetible.

Será que tanta auto contemplación, observándose en selfies, fotos en infinidad de poses, ángulos, atuendos, gestos; de tanto verse repetidos, revisarse a cada rato, encuentran defectos, y desarrollan severos trastornos, por sentirse diferentes a como señala el estilismo del momento. Desgraciadamente por no aprobar su aspecto, marchitan su vida, entran en un remolino de conflictos, una espiral que puede alcanzar la violencia contra sí mismos y su entorno.

Perciben su cuerpo como un encierro, una armadura que creen les impide ser ellos mismos; para evadirse recurren a cualquier exceso: tratamientos de belleza cada vez más intrusivos, peligrosos, dolorosos, incluyendo quirófano y bisturí. Dicen, que siempre hay un roto para un descosido, y es cierto, proliferan personas que inventan píldoras, ungüentos, aparatos, operaciones quirúrgicas y cuanta cosa pueda convencer, a quienes cargan su incómoda, opresiva armadura, y consideran que una intervención, les puede arreglar lo que ellos consideran desperfectos. Es toda una industria, con especialistas en vender muy caros sus prodigios.

Tampoco se puede generalizar, el mundo ofrece, cada quien elige, a unos les irá de perlas, otros acabarán en berrinche o velorio. Lo esencial está en el amor y la aceptación que cada quien tenga por su cuerpo, su aspecto. La imagen que otros ven, la imagen que descubren los de fuera, es lo que cada uno proyecta de sí mismo, desde el alma y el corazón, aunque el empaque tenga defectillos, porque:

-VALE MÁS LA GRACIA DE LA IMPERFECCIÓN,

QUE LA PERFECCIÓN SIN GRACIA –

  María Teresa Bermúdez

2026

Las ilustraciones fueron tomadas de:

La Linterna Mágica.

Periódico de la Bohemia Literaria

México, 1872.

Director: José Tomás de Cuéllar

Artistas dibujantes: José María Villasana

Alejandro Casarín.

Jesús Alamilla.

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