Skip to main content
Relatos

MUJERES CON PARTICULARIDADES

By 26 marzo, 2026No Comments

Particularidad es sinónimo de algo muy especial, eso que distingue, hace diferente a una persona. Segurito encontrarán cierta parcialidad en mi opinión, puesto que pertenezco al género femenino.

Es muy interesante la información que aportan los diccionarios, un hombre es un hombre, mientras una mujer, carga un montonal de definiciones denigrantes; la nombran: mujer airada, del arte, fatal, galante, de mal vivir, de mala nota, mundana, del partido, perdida, pública, del punto, de la vida, de la vida alegre, caira, horizontal, ramera, putífera, y cuantas linduras se les puedan ocurrir.

El célebre Francisco de Quevedo les dedicó las siguientes líneas:

“A vosotras las busconas, damas de alquiler, niñas comunes del trabajo, sufridoras, mujeres al trote, hembras mortales, regatonas del gusto, ninfas del daca y toma, vinculadas en la lujuria, que traducido en castellano quiere decir cotorreras”

Cotorrera llamaban a la prostituta de baja categoría que frecuentaba los cotarros. ¿A qué se deberá tanta inquina del hombre, contra la mujer? ¿Porqué se ensañan con las mujeres que viven de su cuerpo? El cuerpo, nuestra parte visible, es tan sagrado como nuestro espíritu, pero el cuerpo cayó en desgracia. Ellas no siempre tienen experiencias agradables, son vejadas, maltratadas y para colmo, son rechazadas, sujetas a críticas, consideradas inmorales.

También las han dividido en varias categorías; la más conocida separa a las cultas y elegantes cortesanas, de la mujer que trabaja en una casa de citas, un congal, o por su cuenta y riesgo, aunque parece ser que estas últimas casi nunca se libran de tener un protector, comúnmente conocido en México, por padrote, individuo que vive mantenido por la mujer, y casi siempre le administra sus haberes.

Si el fulano, desempeña su oficio en una casa de tolerancia, es decir: consigue clientes, maneja el auto, hace mandados, es empleado; una amiga me contó que su nieto es chofer de putas, y vive contento, por lo tanto, obedece a la madrota o alcahueta, la señora que dirige el establecimiento, y controla a las pupilas bajo su férula. Para remate de este injusto maltrato al género femenino, no les basta con insultarlas a ellas, ya Miguel de Cervantes Saavedra se refiere a los hi de puta, así que aparte de la mujer, también al hijo, que ninguna vela tiene en el entierro, le toca daño.

Me parece una iniquidad que estas mujeres sean señaladas, despreciadas; supuestamente cada ser humano es libre, decide su ocupación en la vida, pero en este caso como en tantos otros, la afirmación tiene muchos bemoles. Su oficio es remunerado, y sólo a ellas se les enjuicia, el que les paga sale muy airoso, como lo menciona Sor Juana Inés de la Cruz. Desde Eva, cuentan, ellas son las malas. ¡Uy! cuanta complicación desde que inventaron el Paraíso; lo peor es que se ha ido enredando mal el ovillo, y esa porción del género humano, el sexo débil, se lleva la peor parte.

Acá dónde vivimos, en lo que hoy conocemos como México, sabemos poco sobre el asunto en la época prehispánica, puesto que las noticias que tenemos nos llegan a través de los cronistas españoles, católicos, quienes tenían un pensamiento muy diferente respecto al cuerpo y al sexo, y la culpa con el pecado interferían a cada rato; aunque las fuentes sean fiables, la diferencia de mentalidad y la interpretación que se dio a las lenguas originarias, que contienen infinidad de metáforas o significados simbólicos, dificultan el conocimiento.

Sabemos un poco de algunos ancestros, por ejemplo, de los grupos Nahuas; la vida sexual se regía por estrictos cánones, el adulterio significaba la muerte para los dos transgresores. El sexo premarital era admitido y se practicaba. Había concubinas, ilícitas, pero no mal vistas. Y las Maqui, que significa: entrometida, acompañaban a los guerreros en las batallas, podríamos decir, que son las bisabuelas de las Soldaderas.

Las prostitutas se llamaban Auaiani: “la que huele bien”, “la que hace feliz a la gente”. Quechollí era el mes de las mujeres del oficio y eran festejadas. Al final se volvían esclavas, pero eso las protegía en su vejez. Probablemente, debemos tener en cuenta, la dualidad y complejidad del pensamiento náhuatl. Para ellos el mundo era deprimente pero el sexo valía la pena y además daba gente. Aún nos falta mucho por aprender de quienes nos precedieron.

En Grecia, Aspasia de Mileto, la bella hetaira, amante de Pericles, mujer de familia culta, se mudó, puso su casa en Atenas, y fue un centro de debate intelectual. Además de filósofa, historiadora, cronista, era médica, obstetra, y fundó una escuela para chicas jóvenes que buscaran su independencia; se sabe que Sócrates y Eurípides, llevaban a sus mujeres, a que se cultivaran con Aspasia.

En el Oriente, Cheng Yi Sao trabajaba en el Puerto de Cantón en un Bote de las flores, versión flotante de una Posada de Cortesanas. Desposó a Cheng I terrorífico pirata; viuda en 1807, tomó el mando, su flota de setenta mil hombres infundía respeto; se rumora que luego negoció con la autoridad y vivió muy feliz y rica en su vejez.

Sea cual fuere la época o el espacio geográfico, para la mayoría, desempeñar el oficio es por necesidad, o por explotación, condición aún más espantosa, que es ya otro tema. A muchas, les ha ido del cocol, puesto que su vida es vergonzosa, consideradas mercancía son despreciadas e ignoradas; sus cuerpos se consideran usados, se les ha encasillado, vilipendiado, excluido por la sociedad a la que pertenecen y atienden.

Antiguamente, en Asia Menor, en Grecia, o en Roma, no era mal visto el deleite sensual. Fue en Occidente, a partir del Concilio de Trento (1545 a 1564), que hubo cambios drásticos. Carlos V de España y I de Alemania, y el Papa Paulo III, lo convocaron para contrarrestar la Reforma de Martín Lutero, y las sangrientas guerras de religión.

A raíz de dichos acontecimientos, el Sacramento del matrimonio, se volvió obligatorio, debía celebrarlo un párroco, los contrayentes, pagaban un óbolo para registrarlo en los libros eclesiásticos. Invalidaron la unión privada, por consentimiento mutuo. En nuestros días, se han ampliado los registros a las listas de regalos de prestigiados comercios, convirtiéndose la unión en un suculento negocio remunerado.

Volviendo a nuestro México, a finales del Siglo XVIII, el Tribunal de la Santa Inquisición pensaba que las prostitutas eran: el oprobio de la cristiana castidad. Mujeres dedicadas a la lujuria, que repugna a la naturaleza, pues es el apetito desordenado, exceso de los deleites carnales, así que a la lujuria la clasificaron en seis categorías: fornicación simple, estupro, rapto, adulterio, incesto, y vicio contra natura. 

Como las mujeres, casi, casi, en opinión de algunos inquisidores encarnaban al demonio tentador, se abrieron los Recogimientos, para aquellas de costumbres relajadas, escandalosas, que invitaban al regocijo. En algunos entraban voluntariamente, otros, eran como una especie de correccionales, incluso a divorciadas, cómicas, cantantes, músicas, mejor las recogían, para que no anduvieran dando malos pasos, traspiés, ejemplos poco edificantes, contrarios al sufrimiento y obediencia que predicaba la Iglesia.

Durante el Siglo XVIII, famoso por ser El Siglo de la Luces, de la Ilustración, de la Enciclopedia francesa, se publicaron en varias ciudades, Guías de Forasteros, Kalendarios, algunos hasta con retratos de sus Majestades; en la Ciudad de México los editó el impresor Zúñiga y Ontiveros.  Un día cualquiera del año de 1783, llegó a manos del Santo Tribunal de la Inquisición, una Guía de Forasteros de México, que guardaba discretamente entre sus páginas, otra Guía, escrita en verso, poesía pura en lenguaje popular, con refranes, modismos, palabras en náhuatl, equívocos maliciosos: …para deambular por los vericuetos del placer carnal… Un manuscrito anónimo, en castellano, que era tremendamente ofensivo para los oídos castos, merecedor de una severa prohibición, puesto que el placer carnal sólo es permitido dentro del sagrado vinculo del matrimonio.

Dice el anónimo autor de la mencionada Guía, que pretende con sus versos: …enmendar la vida de los clientes y de las mujeres públicas… No obstante, el libelo, es un …convite, al retozo que abraza a los dos sexos. Es importante constatar que: …Este autor no ve sólo a la prostituta como un simple objeto, sino también como un sujeto que siente, sufre y goza… señala Estela Castillo Hernández, en su Estudio del “Poemario sobre las ilustrísimas prostitutas de la Ciudad de México”; quien lo escribe, se refiere a: …la terrenal, la maliciosa, la pervertida, como quien dice, a la mujer de carne y hueso.

De muestra les bastará algún botón:

6

A Blasita su destino

mucho la favoreció;

un criollito la perdió,

pero ella se halló su chino.

Bien su advertencia previno

lo que ha de darle provecho,

y él, estando satisfecho,

nunca le motiva enojo;

que ella lo ve de mal ojo,

pero lo hace andar derecho.

La Blasita era bizca, por eso lo de mal ojo. Un chino, es el hijo con padres de distinto tipo de sangre, no europea. Parece que la pareja se entendía bien.

7

La Panochera Corrillos

en su casa tiene varios,

y haciendo afectos contrarios

mascar sabe a dos carrillos.

Persuade a los mozalbillos

con habilidad o treta,

y es tanto lo que la inquieta

la carne, que sin disputa

a unos les sirve de puta 

y a otros también de alcahueta. 

Esta mujer, era inteligente y organizada, puesto que tenía sus corrillos, que hoy diríamos fans, pero al mismo tiempo a otros los encaminaba, como la célebre Celestina, acrecentando sus ganancias; más mejor, si a la vez vendía panocha, una variedad del piloncillo que antiguamente se comía como dulce, aunque puede ser también una tortita redonda, hecha de harina de maíz crudo, manteca de res y agua, o con pura leche de cabra.

9

Ciprianilla, aquesa chata,

que ha sido y es cantarina,

y que aun cantando se inclina

más a bailar en la reata.

No es, a la verdad, ingrata,

su color no tiene fin

y en cualesquiera festín

cualquier instrumento agarra;

toca poco la guitarra,

que más le cuadra el violín. 

Chata es una manera familiar y cariñosa de llamar a alguien, puede ser igual un requiebro. Bailar en la reata, significa fornicar.

El infinito con su caudal de constelaciones, cometas, estrellas, negros agujeros, continúa su perpetuo movimiento.  Nuestro planeta, la Tierra, va modificando su geografía de acuerdo a la ambición, hay adelantos, guerras, creación, muerte y los trastrueques no cesan. Como dijo Juan Perulero: cada quién atiende a su juego…

En las primeras décadas del Siglo XIX, México vivió años de continuas guerras, en lo que se le reconocía como Nación Independiente; el país quedó devastado, sus pobladores, incluidas las prostitutas, a quienes ya se les daba la categoría de mal necesario, tuvieron tiempos muy dificultosos; hubo invasiones, ellas atendieron a los españoles y franceses de las tropas. En 1847, adquirieron celebridad las Margaritas, que con ayuda o sin ella, despachaban invasores yankis.

La siguiente intrusión, en tierras mexicanas, fue la de Napoleón III. En 1862 llegaron naves francesas, inglesas, españolas. Inglaterra y Francia reconocieron al Presidente Benito Juárez, y embarcaron de regreso a Europa, pero esto, trajo como consecuencia que vinieran austriacos, belgas, suavos, y muchos más, cómo sostén del Segundo Imperio Mexicano, el de Maximiliano de Habsburgo y Carlota princesa de Bélgica. La joven pareja, de buena gana quiso hacer mejoras, eran liberales, no estaban de acuerdo con los abusos de la Iglesia. Modernos, asiduos a los adelantos de la época, estaban encantados con el reciente invento del daguerrotipo, que ya desde mediados de la centuria se conocía en México. A la gente le gustó verse retratada, y a los fotógrafos retratar. Se pusieron de moda los álbumes y las tarjetas de visita, con la efigie del interesado. 

En cuanto a las mujeres, Carlota es la primera que oficialmente gobernó el país. Incluyó a las esposas de ministros y políticos para trabajar en conjunto, cuestión que no les causó mucha gracia, sobre todo a algunos maridos, pero por vez primera, abrió espacio a las mujeres, para participar a nivel gobierno. El bello sexo entró a la Universidad; para empezar, sólo fue en el ramo de la Obstetricia y hubo Parteras Tituladas.

La salubridad, ante la continua llegada de tropas extranjeras, era fundamental, así que las señoras prostitutas de la Ciudad de México, fueron requeridas.  El actual Museo Franz Mayer, era entonces el Hospital de San Juan de Dios, donde estas mujeres recibían atención médica, y debían sujetarse a un estricto Reglamento.

 

REGISTRO DE MUJERES PÚBLICAS CONFORME AL

REGLAMENTO EXPEDIDO POR S. M. EL EMPERADOR

 

Las cuestiones relacionadas con el cuerpo humano, ya sea enfermedad, insania, sexualidad, prostitución, son temas que en aquellos años se cuchicheaban, de eso no se hablaba abiertamente. El ser y el hacer, se contrariaban con el deseo, el cuerpo seguía siendo tabú, objeto de pecado, culpa, perdición. Había música, canciones, bailes estrictamente prohibidos por la autoridad como: el Pan con manteca, el Chuchumbé, o el Jarabe gatuno, que invitaban a los bailadores a zapatear y contonearse de lo lindo; donde hubiera música y oportunidad, lo entrelazaban con el regocijo parrandero.

Cualquier pulquería, tendajón, cuchitril, los lanchones en los distintos Canales, como el de la Viga, el embarcadero de la Calle de Roldán, eran sitios de fandango y jolgorio, o de perdición, según el cristal con que se observe. Aún en nuestros días, en las transitadas avenidas de esa zona, que antiguamente fueron canales, a cualquier hora, se ve a montón de muchachitas pintadas, que ofrecen sus servicios. Hay damas de la noche, ahora también, chavas del día.

Algunas transgresiones, se las achacaban al enemigo malo, hasta el olor a azufre, propio de Satanás era patente. Burbujas de riesgo que acechaban a las almas, había temor de dios, temor al diablo, confesión, penitencia, pasajeros arrepentimientos originados por la puritita culpa. Estos delicados asuntos, se trataban entre unos cuantos personajes masculinos, autoridades en la materia, para no escandalizar a la sociedad, para mantener protegida, a la mitad más débil del género humano, que generalmente, hallaba la manera de escabullirse a tales dictados.

De 1865 a 1867, las Leyes y los novedosos adelantos técnicos, compartieron el turbio espacio de la censurada prostitución.  A unas cuantas, damiselas de la noche se les tomaron retratos, con miras a tenerlas controladas y reglamentar los gajes de su oficio, mostrando así el buen desempeño de la política liberal, puesto que estas damiselas, significaban un terrible amago a los bolsillos masculinos, a la moral, y naturalmente, a la salud de la población. Eran: agentes transmisores de la contagiosa sífilis; teniendo bajo control a las meretrices, los prostíbulos estarían igualmente vigilados, seguirían en la clandestinidad, pero estaban controlados por la ley, aunque, aplicada por caballeros capaces de abusar. La miseria, la inseguridad, no menguaban, las intermitentes guerras, eran focos de corrupción que abarcaban todos los niveles humanos.

En el Registro de Mujeres Públicas, decretado por Maximiliano, sólo existen 598 fichas. Algunas fotos fueron arrancadas, también es sabido, que hubo incorrecciones por parte de los empleados, para desacreditar a otras señoras. Junto a cada foto, aparece manuscrito su nombre, su origen, la edad, el oficio anterior, el domicilio, y su número de registro. Aclarando si era aislada, o pertenecía a un prostíbulo.

 Se especifican categorías, de acuerdo a sus rasgos; para el retrato, todas estaban emperifolladas, aunque se nota que las más jovencitas, casi niñas, cuya historia desconocemos, tienen expresiones de susto o demasiada seriedad, desconfianza, ¿quizá miedo? La tez morena, las facciones, las trenzas, denotan su procedencia mexicana. Sus ropas, tal vez del cajón del fotógrafo, o del empeño, tienen cuello cerrado, manga larga; no todas llevan faldas ahuecadas por la crinolina, que una de Segunda clase, levanta tantito para enseñar los bajos y la punta de su botín.  El rebozo no falta.

Las de mayor edad, están más en pose; la expresión de sus rostros es más propio, denotan personalidad y desplante. Sombrero o joyas destacan de vez en cuando, lo mismo que algunos nombres extranjeros. Las fotos son de autor anónimo, y las puestas en escena aparentan ser mundanas, elegantes. Muchísimo temple, habrán necesitado estas mujeres, para inscribirse en el Registro, mostrarse de cuerpo entero, y aportar su filiación.

El Segundo Imperio Mexicano concluyó en tragedia; Carlota, enloquecida por el hijo ilegítimo que le fue arrebatado en Miramar. Maximiliano, abandonado por su familia, muy enfermo, quizás encontró en la muerte, el honor y la serenidad a que aspiraba. México volvió a ser República con don Benito Juárez.

La mentalidad y las costumbres cambian muy despacito. El rigor corporal, la disciplina, el temor, suplantan la sensualidad. En México, las mujeres y también los hombres que vestían a la moda, durante un tiempo lucieron figuras incómodamente encorsetadas. Las damas usaban polizón, mejor conocido como el sígueme pollo, cuellos altos, mangas largas, botines con muchos botoncitos; pero inventaron velos para disimular el escote, los famosos ligueros para sostener las medias, aunque mayormente las usaban quienes tenían los medios, no las mujeres del pueblo. Ninguna dejó jamás de arreglarse, coquetear, esquivar prohibiciones.

Las modas han dado giros inesperados. Se pregonó la maternidad, como parte fundamental del destino de las mujeres, pasando por alto, sin especificar los aspectos difíciles del parto, la crianza, la educación, la inmensa responsabilidad de ser MADRES. Las madamas del crepúsculo, nunca han quedado fuera, continúan buscando mejores condiciones ante el desprecio, la doble moral, defienden su oficio y se susurra, hay rumores, de que quizás les permitan participar en los inminentes campeonatos internacionales, que están por efectuarse. Prosiguen sus batallas de Siglos, para obtener reconocimiento, para ser tal como cada una de ellas decide.

María Teresa Bermúdez

Principios del 2026

BIBLIOGRAFÍA

2001      Aguilar Ochoa, Arturo. La Fotografía Durante el     Imperio de Maximiliano. México: UNAM. Instituto de Investigaciones Estéticas.

2002 Chamorro, María Inés. Tesoro de Villanos Diccionario de Germanía. Barcelona: Herder.

2019        Castillo Hernández, Estela. Guía de Forasteros de México. Poemario sobre las ilustrísimas prostitutas de la Ciudad de México. Mérida: UNAM.